La riqueza de una nación descansa en el seno de su capital humano

El capital humano representa una de las herramientas más olvidadas en el arsenal social, económico y filosófico de una nación. Simboliza la capacidad humana del presente y del futuro, y se encuentra naturalmente potenciada a través de la educación y la cultura. Por lo tanto, cabe preguntarse: ¿acaso posee la educación un papel fundamental en la construcción de un capital humano más eficiente, el cual permita construir relaciones sociales fructíferas, el respeto por los derechos básicos individuales (la vida, la propiedad privada, la libertad) y una economía abierta y fluida, liberada de las garras de un Estado excesivamente interventor? Por supuesto que sí, de manera tal que en las órbitas del liberalismo observamos con angustia (pero sin impotencia) como los pocos pilares educativos que representaban a la Argentina se desploman ya en forma completa y absoluta, atomizando y destruyendo el capital humano del futuro, puesto que los chicos no han vuelto a clases.

Mencionamos constantemente al PBI per cápita, pero en reiteradas ocasiones no se visualiza tal mutualismo entre el bienestar económico y el capital humano (mediado a través de la educación) y he aquí el problema educativo; por tal razón nuestros chicos deben regresar urgentemente a clases, materializándolo a través de distintas propuestas, incluyendo aspectos tales como el distanciamiento social, la modificación circunstancial del diseño curricular, la flexibilidad del proyecto educativo institucional y la utilización del barbijo. ¿De otra forma, qué clase de país estaríamos construyendo a futuro? La respuesta es simple: ninguno. Tal cosa no es de carácter importante, sino urgente. Y los mejores países del mundo lo saben muy bien, con o sin cuarentena.

Este escrito es promovido por los profesionales que integran la comisión de educación del Partido Libertario.

Si coincidís con el, no lo dudes, se parte de este grupo que quiere cambiar la Argentina. SUMATE.

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